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18
Jul

Un paseo

Caminar por el bosque, hacer salud y reflexionar sobre la vida de uno mismo son tres cosas buenas que uno puede hacer. Pasear por el bosque y recorrer o ser receptor de su magia es siempre saludable. Las caminatas por el bosque, el campo y, en general, los entornos naturales suelen generar una sensación de bienestar, tanto a nivel físico como mental. Es algo que han experimentado infinidad de personas a través de los siglos. Pero en los últimos años algunos investigadores se han propuesto describir de manera científica las características de ese bienestar: en qué consiste, cuáles son exactamente los beneficios de dar paseos en la naturaleza.

En un trabajo de 2015, un equipo dirigido por Gregory Bratman, experto de la Universidad de Stanford, Estados Unidos, partió del concepto conocido como “rumiación mórbida”, es decir, los pensamientos que vuelven una y otra vez a la mente, que pueden tornarse obsesivos y que son a menudo causa de estrés, ansiedad, angustia y depresión. Diversos estudios han demostrado que esta rumiación es mucho más común en la gente que vive en la ciudad que entre quienes viven en entornos naturales. Y que está relacionada con una mayor actividad en una zona del cerebro conocida como corteza prefrontal subgenual.

Pasear por la naturaleza, contemplar árboles, nubes o una puesta de sol no exige una alta concentración, y por lo tanto supone una restauración de la atención a unos niveles más naturales. Este descanso -que reduce el estrés y propicia el bienestar- es otro de sus beneficios, tal como lo explica un estudio realizado por científicos de la Universidad de Michigan, Estados Unidos, y publicado en la revista especializada SAGE Journals en 2008.

Ya en la década de 1980, un estudio había señalado los efectos positivos de poder mirar paisajes naturales por la ventana para pacientes que se recuperaban de una cirugía. Los que contaron con esa posibilidad debieron pasar menos tiempo en el hospital tras la operación, necesitaron analgésicos menos potentes y recibieron menos evaluaciones negativas por parte de las enfermeras que los pacientes que estaban en habitaciones similares pero sin ventanas.

En Japón han desarrollado una práctica llamada Shinrin-yoku, que significa literalmente “absorber la atmósfera del bosque” y que en español se ha extendido con una fórmula más simple: “baño de bosque”. Consiste, en esencia, en acudir al bosque no solo para dar un paseo o contemplar sus vistas, sino para tratar de “absorberlo” a través de los cinco sentidos: respirar hondo, entrar en contacto con los aromas de la naturaleza, sentir las texturas del suelo, de las hojas de las plantas, oír el canto de los pájaros, los cursos de agua, el viento entre los árboles.

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